Infancia, juego y naturaleza

El juego en «Al viento»

En «Al Viento» entendemos que el juego es la máxima expresión del ser y el motor del aprendizaje y el desarrollo infantil.

El juego es la vida misma. Los niños y las niñas juegan la vida.

Es pieza clave en la supervivencia de nuestra especie ya que nos aporta la capacidad de adaptación, así como lo es en la vida de cada criatura.

Para saber si una persona está jugando realmente podemos observar si nace de ella misma, si siente placer al realizarlo, si es auto motivante, si lo importante es el proceso y la experiencia, y si es una actividad creativa.

Ahora que sabes esto puedes observar a tu alrededor ¿sientes que tu hija o hijo está teniendo esta experiencia en su vida?, ¿y tú?, ¿y las adultas y adultos de tu alrededor?

El juego en nuestra sociedad actual

Los profesionales de la infancia y estudios recientes estamos observando como nuestras criaturas, es los últimos tiempos, están jugando cada vez menos tiempo.

Esto tiene una importancia crucial tanto en el desarrollo ontogenético como filogenético de la infancia, puesto que están perdiendo el instinto de juego como consecuencia del “desarrollo” tecnológico y fruto de la vida que llevamos, en ciudades desnaturalizadas, en las que no hay cabida para el juego espontáneo y autónomo.

Esta situación supone una pérdida de oportunidades irreparable para el desarrollo de la mayoría de habilidades básicas para el desarrollo, el aprendizaje y la madurez; y cuyas consecuencias ya están empezando a notarse es las fases posteriores como la adolescencia.

Habilidades motoras, tanto gruesas como finas, oportunidades de crecimiento emocional, desarrollo cognitivo creativo y autónomo, así como vivencias vinculares irrepetibles en otros contextos son pérdidas con un gran calado a nivel individual en a vida de niñas y niños, pero también con consecuencias a nivel social y comunitario.

El papel de la naturaleza en la infancia y el juego

Si a todo lo anterior, le añadimos la variable naturaleza como marco y entorno saludable en que las criaturas crecen, aprenden y se desarrollan de forma positiva, las consecuencias negativas se multiplican con creces.

Richard Louv en su libro «Los últimos niños en el bosque» (2005) habla del «Déficit de Naturaleza» en el que llevamos viviendo décadas y las consecuencias que tiene.

La naturaleza favorece la integración sensorial. Estimula la imaginación y despierta el instinto de juego por muy dormido que se encuentre. Pasar tiempo al aire libre, en el medio natural, ayuda a niños y niñas a conectarse con la memoria de la especie y la inteligencia vital.

Los espacios al aire libre proporcionan oportunidades para sus capacidades motoras.

Sus colores, formas y sonidos despiertan sus sentidos y hacen emerger la emoción y el asombro necesarios para la motivación y el aprendizaje.

La naturaleza nos brinda la estimulación justa y necesaria para la maduración del sistema nervioso y ofrece un efecto restaurador de la atención y moderador del estrés.


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